



La Universidad inaugurará el jueves 25 de junio a las 18 las muestras En el espejo de una odisea, de Diana Dowek, y Flores en la ESMA, de Gabriel Díaz. Ambas podrán visitarse en el edificio Scalabrini Ortiz con acceso libre y gratuito hasta fin de año.
Hay obras que buscan representar el mundo y otras que intentan detenerlo por un instante para observar aquello que suele quedar fuera de cuadro. A partir del próximo jueves 25 de junio, desde las 18, la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) abrirá las puertas a dos exposiciones que dialogan entre sí desde un territorio común: la memoria como ejercicio activo, la sensibilidad artística como forma de resistencia y la necesidad de mirar de frente aquello que la historia y el presente insisten en dejar a la intemperie.
Organizadas por la Secretaría de Cultura y Comunicación de la UNLa, las muestras En el espejo de una odisea, de la artista plástica Diana Dowek, y Flores en la ESMA, del fotógrafo Gabriel Díaz, serán inauguradas en el edificio Scalabrini Ortiz. Aunque sus lenguajes y materiales son diferentes, ambas propuestas comparten una pregunta fundamental: cómo representar el dolor colectivo sin renunciar a la belleza, cómo construir imágenes capaces de mantener viva una memoria que sigue disputándose en el presente.
Las imágenes del desarraigo
En la obra de Diana Dowek, una de las artistas más relevantes del arte argentino contemporáneo, la pintura se convierte en un espacio de testimonio. Tomando como punto de partida fotografías periodísticas e imágenes de prensa, la artista reconstruye escenas atravesadas por el desarraigo, las migraciones forzadas y las consecuencias humanas de las guerras, la violencia y la pobreza. Lejos de una mirada distante, sus cuadros colocan al espectador frente a rostros, cuerpos y trayectorias marcadas por la expulsión y la incertidumbre.
La serie propone una reflexión sobre las crisis humanitarias contemporáneas, pero también sobre el papel del arte frente a ellas. En las telas de Dowek, la pintura no ilustra una noticia: la transforma en experiencia sensible. Allí donde la velocidad informativa amenaza con volver cotidiano el horror, la artista recupera el tiempo de la contemplación y la empatía.
Un jardín sobre las huellas del horror
Si en En el espejo de una odisea la memoria se proyecta sobre los desplazamientos del presente, en Flores en la ESMA la mirada se posa sobre uno de los espacios más emblemáticos del terrorismo de Estado argentino. Gabriel Díaz eligió fotografiar los jardines del predio donde funcionó el mayor centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la última dictadura cívico-militar.
Las imágenes fueron tomadas con una cámara Polaroid SX-70 y película vencida, una decisión técnica que aporta texturas imprevisibles, veladuras y huellas del tiempo. Entre flores, ramas y fragmentos de naturaleza, el fotógrafo construye una poética visual que dialoga con las ausencias. Cada imagen parece preguntarse qué puede decir un paisaje cuando la historia lo atraviesa de manera tan profunda.
El homenaje está dirigido especialmente a los niños y niñas que fueron apropiados durante su cautiverio en la maternidad clandestina de la ESMA. Pero también a todas las víctimas cuya memoria continúa reclamando verdad y justicia. Las flores, en este contexto, dejan de ser un elemento decorativo para convertirse en una forma de resistencia frente al olvido.
La memoria como resistencia
Hasta fin de año y con acceso libre y gratuito, el edificio Scalabrini Ortiz albergará estas dos propuestas que dialogan a través de una misma inquietud: cómo hacer visibles aquellas historias que el tiempo, la violencia o el poder intentan borrar. Entre la pintura y la fotografía, entre el éxodo y la memoria, las obras de Dowek y Díaz encuentran un punto de encuentro en la persistencia de la mirada.




