Cuando el ocio se vuelve apuesta…y se pierde

Magalí de Diego (Agencia CTyS-UNLaM)-  El celular vibra. En la pantalla, una aplicación ofrece un bono de bienvenida para apostar “sin riesgo”. Alcanza con crear una cuenta; el dinero virtual ya está acreditado. No hace falta moverse del sillón. En cuestión de segundos, la adrenalina del azar se mezcla con la ilusión del control. Del otro lado, hay jóvenes que no pisan un casino, pero pasan horas pendientes del resultado de un partido o del giro de una ruleta digital.

Desde su laboratorio del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad Nacional de Córdoba, Yanina Michelini, investigadora del CONICET, comenzó a observar este fenómeno en profundidad. Lo que al principio era un proyecto centrado solo en consumos de alcohol y marihuana entre jóvenes universitarios, pronto amplió sus horizontes. “Cuando iniciamos el estudio, las apuestas online empezaban a tener un auge muy grande, sobre todo en pandemia -cuenta la doctora en Psicología -. Decidimos incluirlas porque se habían convertido en un comportamiento con potencial riesgo: de fácil acceso, y altamente reforzante”.

El proyecto, que formó parte de su postulación a carrera de investigadora, busca identificar factores de riesgo y de protección en jóvenes de 17 a 27 años frente a diferentes comportamientos problemáticos. “Queríamos entender por qué algunas personas son más o otras menos propensas a involucrarse en estos comportamientos”, explica. 

Apuestas online y un panorama que se agudiza
Los investigadores realizaron un estudio longitudinal, es decir, un estudio en el que se evaluó a las mismas personas varias veces a lo largo del tiempo. Puntualmente en este caso, las personas fueron evaluadas tres veces a en un periodo de 1 año y medio (entre febrero de 2024 y julio de 2025). Participaron estudiantes universitarios de distintos puntos del país que estudiaban en la Universidad Nacional de Córdoba o en la Universidad Tecnológica Nacional y residían en Córdoba Capital y alrededores. “Los resultados que tenemos ahora son de la primera medición, y los datos de las siguientes están siendo analizados”, aclara, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM.

En su estudio, observaron que el 36 por ciento de los jóvenes que hacen apuestas online lo hacen todas las semanas. Entre los tipos de apuestas online más frecuentes están las de tipo casinos como máquinas tragamonedas y juegos de mesa. También son frecuentes las apuestas deportivas y la compra de loot boxes o cajas misteriosas en videojuegos.

Además, encontraron que el 40 por ciento de los jóvenes que hacen apuestas online exhiben algún tipo de problema asociado como tener dificultades para controlar el comportamiento o tener problemas económicos, para cumplir con obligaciones o para mantener vínculos, entre otros. Esta es una cifra que para la investigadora “es preocupante, porque casi la mitad de quienes apuestan lo hacen de una forma problemática”.

Distorsiones cognitivas y regulación emocional
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo tiene que ver con las distorsiones cognitivas: falsas creencias sobre el control del azar. “Muchos creen que tienen habilidades especiales o que pueden anticipar cuándo va a salir una jugada ganadora. Esa ilusión de control del comportamiento aumenta el riesgo de que se vuelva problemático”, explica la científica del IIPSI.

A eso se suma otro factor: la dificultad para regular las emociones. “Las personas que tienden a evitar o tapar emociones, en lugar de enfrentarlas, usan las apuestas como una forma de regulación emocional. Es una manera ineficiente de manejar el malestar, y eso incrementa la probabilidad de desarrollar un patrón problemático”, detalla.

El equipo también encontró similitudes con los consumos de alcohol o marihuana. “Comparten factores de riesgo como la impulsividad que implica la búsqueda de sensaciones y dificultad para demorar recompensas. Y en ambos casos, la combinación de varios consumos o modalidades -por ejemplo, apostar online y presencial, o mezclar sustancias – se asocia con formas más severas del comportamiento”, explica.

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