A pesar de las altas temperaturas en el AMBA, un especialista advierte que no se trata de una ola de calor

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronostica una máxima de 38 grados en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) para despedir al 2025. En este sentido, el calor no sólo acecha al AMBA, sino que diferentes regiones del país registran desde hace días temperaturas superiores a los 30 grados. Por eso, desde el SMN ya emitieron alertas amarillas que abarcan sectores de Río Negro, Neuquén, Mendoza, La Pampa, San Luis, Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires. En concreto, la advertencia se debe a que el calor puede tener un efecto “leve a moderado en la salud” y “puede ser peligroso, sobre todo para niños, niñas, y personas mayores de 65 años con enfermedades crónicas”. A pesar de que muchas personas denominan a este fenómeno como “ola de calor”, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, un meteorólogo advierte que no se cumplen los parámetros técnicos.

“La ola de calor es un término meteorológico que sucede cuando se superan durante al menos tres días las temperaturas mínimas y máximas fijadas a partir de cálculos específicos para cada localidad. En el caso de La Plata, la máxima debe ser superior a 31,1 grados, y la mínima mayor a 20,1 grados. Aunque la máxima supera esa cifra, la mínima es inferior al promedio establecido. Por lo tanto, técnicamente, no estamos frente a una ola de calor”, resalta Juan Augusto Díaz, meteorólogo del SMN y de la Universidad Nacional de La Plata. 

En cambio, Díaz señala que lo que ocurre en diferentes zonas del país es un ingreso de aire cálido y persistente del norte, que mantiene las temperaturas altas. Al mismo tiempo, este tipo de clima favorece la aparición de chaparrones intensos. “En el verano ingresa aire caliente, que es el combustible de las tormentas. El aire cálido y la humedad pueden provocar lluvias fuertes, en especial por la tarde, que se caracterizan por la abundante caída de agua en poco tiempo”, explica. 

Por ejemplo, mientras que la zona norte del Gran Buenos Aires sufrió una tormenta fuerte que terminó con autos y comercios inundados, en la zona sur no se registraron lluvias. Frente a la crítica al Servicio Meteorológico Nacional, el especialista afirma que es difícil saber dónde y en qué momento sucederán las tormentas, porque son eventos aislados. “El verano tiene esta dificultad y es la época más compleja para nosotros, porque es cuando más nos atacan”, afirma.

Consultado por el pronóstico para enero y febrero, Díaz sostiene que habrá un verano “levemente más cálido de lo normal”. “Nos esperan días de mucho calor y tormentas fuertes, sobre todo por la tarde. Serán chaparrones esporádicos con mucha agua”, advierte. En este aspecto, alimentado por el calentamiento global, el clima del verano argentino empieza a parecerse más al de los países tropicales, con temperaturas altas y lluvias abundantes, pero de corta duración.

Precaución extrema

El ministerio de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, emitió una serie de recomendaciones para soportar las altas temperaturas y reducir los riesgos. De este modo, algunas de las sugerencias son la hidratación permanente con agua y el consumo de comidas frescas, saludables y livianas. Al mismo tiempo, piden limitar la actividad física, la exposición al sol de 10 a 16 horas, y evitar la ingesta de bebidas alcohólicas, con cafeína y con alto contenido de azúcar.   

Por su parte, el meteorólogo de la Universidad Nacional de La Plata, también aporta sugerencias valiosas: el uso de gorra, protector solar, ropa clara y holgada para mitigar los efectos del calor. En caso de sufrir sed intensa, sequedad en la boca, fiebre superior a 39 grados, cansancio extremo, mareos, dolores de cabeza, dolor abdominal o falta de apetito, se recomienda acudir al centro de salud más cercano.

Por Nicolás Retamar