El trabajo forma parte de la vida digna de mujeres y hombres. Es un derecho indiscutible, sobre el que no se debería dudar. En 1947 Perón proclamó el decálogo de los derechos del trabajador, donde se expresa entre otras cuestiones, la necesidad de las condiciones dignas, capacitación, la seguridad social para acceder a un sistema de salud y una justa retribución tanto como la recreación y el aguinaldo.
Llegamos a un nuevo Día del trabajo con una realidad que aloja no sólo la pérdida de empleos sino, la rotura de aquellos postulados que pregonan el florecimiento de una Patria libre, justa y soberana. No podemos decir que esto es el fruto de decisiones erróneas sino, que responde a un programa económico que, con miras extranjerizantes, tiende a dejar la producción argentina hecha añicos, sin interesar la cantidad de familias que hoy han quedado sin trabajo, techo, comida, abrigo y esperanzas.
¿En qué lugar quedamos? A la deriva.
Con ganas de revertir esta lamentable situación donde “cada argentino debe producir al menos lo que consume” y este modelo económico se burla y ufana de dejar gente desocupada.
Es hora de la resistencia, es momento de mostrar nuestro pensamiento. Tenemos la oportunidad y derecho constitucional de manifestarnos y la herramienta soberana que es el voto. Por sobre todo, tenemos y debemos producir el pensamiento crítico que nos lleve a rescatar la memoria.
Todo el tiempo escuchamos y decimos que los pueblos sin memoria tienden a reiterar los errores. Ya hemos pasado por estos modelos. Los desenlaces de estas etapas tanto en gobiernos de facto como democráticos; han tenido finales tristes. Desde la emisión de bonos para subsistir, los clubes de trueque y deudas externas que someten a un futuro incierto; dejaron profundas heridas; y podríamos extendernos en la enumeración. Porque estar desempleado lleva a desesperación a la hora de no poder poner un plato de comida sobre la mesa familiar y, hacer filas interminables para obtener una vianda o un abrigo, deja a la dignidad humana arrastrada.
Debemos ser multiplicadores de ejemplos, de memoria activa. Ésta también es una buena manera de resistir. El encuentro entre vecinos, la charla en el club del barrio, la conversación entre ciudadanos, las muestras de solidaridad y organización junto a la comparación permanente entre modelos, es necesaria. Es parte de lo que podemos ejercer como derecho, para aspirar a volver a ser una Argentina pujante, productiva, laboriosa y feliz. Hace falta volver a ser pregoneros y protagonistas de los sueños y la esperanza. Dejar de ser una comunidad que cada día presencia la lucha de pobres contra pobres, de trabajadores agotados agradeciendo tener un trabajo cuando es un derecho. Y no decimos no ser agradecidos, decimos que ha llegado el momento de salir del subsuelo en el que han querido que permanezcamos, para sublevarnos a través de actos pacíficos y democráticos, como aquel octubre donde Raúl Scalabrini Ortíz hablo del Subsuelo de la patria sublevado. Aquel día que marcó el quiebre de sistemas de sometimiento, abandono e indiferencia al que hoy, como hace más de 70 años parecieran reiterase fórmulas en los que “algún Braden” intenta interponerse para que no lleguemos a ser nuevamente, una Comunidad Organizada.
Seamos militantes de la difusión con organización. Demandemos que se presenten proyectos de producción, inclusión en el que contengan a todo el territorio argentino con sus particularidades, sin dejar de cuidar el medioambiente. Cada uno desde el lugar que pueda, es un deber para quienes creemos que el trabajo, la producción nacional, el pleno ejercicio de nuestros derechos y la vida democrática, forjan la felicidad del pueblo.
Hoy nuestro homenaje para todos/as los que generan y hacen posible – aun ante la adversidad presente – las banderas de la defensa de los derechos del trabajador. Los abrazamos.

Antonio Hugo Caruso
Ex secretario de Cultura de Avellaneda


