Pérdida y desperdicio de alimentos: el Colegio de Nutricionistas bonaerense alerta sobre las causas y brinda pautas para frenar el descarte

En Argentina se estima que hasta un tercio de los alimentos producidos se pierde o desperdicia a lo largo de las distintas etapas de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta el consumo final, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés).

“En nuestro país, cada persona tira en promedio 38 kilos de comida apta para el consumo durante todo el año”, señaló el licenciado en Nutrición (MP 4940), Franco Monnerais, matriculado en el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires. Y agregó: “Los grupos de mayor descarte doméstico corresponden habitualmente a productos de alto valor nutricional: frutas y verduras frescas, lácteos y panificados”.

Esta problemática no es exclusiva de Argentina, sino que se extiende a nivel global: en el mundo se tiran a la basura aproximadamente 1.300 millones de toneladas de comida en buen estado cada año. Según la FAO, cerca del 14% de los alimentos producidos en el mundo se pierde entre la cosecha y la distribución, mientras que un 17% adicional se desperdicia en la venta al por menor y en los hogares.

La pérdida de alimentos se debe principalmente a fallas técnicas, problemas logísticos, de infraestructura o condiciones climáticas adversas, reduciendo la cantidad o calidad del alimento antes de llegar al consumidor, mientras que el desperdicio de alimentos hace referencia a alimentos que eran plenamente aptos y seguros para el consumo humano, pero que se descartan por decisiones o motivos evitables (compras excesivas, errores de planificación, mala conservación o criterios estéticos).

De esta manera, la pérdida y el desperdicio de alimentos es un desafío crítico para la sostenibilidad y la soberanía alimentaria a nivel global.

Por todo esto, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 29 de septiembre como el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, con el objetivo de contribuir a sensibilizar sobre la importancia de este problema y sus posibles soluciones en todos los planos.

Además de fomentar la educación y la concientización sobre la importancia de valorar cada recurso alimentario, desde el Colegio de Nutricionistas bonaerense se promueve una serie de recomendaciones para evitar el desperdicio de alimentos en los hogares:

§ Verificar los alimentos disponibles en la casa antes de hacer las compras, armar una lista en función de comidas posibles y adquirir productos con una intención concreta de consumo.

§ Aplicar el criterio First In, First Out, es decir que lo primero que entra es lo primero que se consume.

§ Utilizar correctamente la heladera, ubicando los alimentos según sus requerimientos de temperatura. Por ejemplo: estantes superiores para cocidos y sobras; estantes medios para lácteos y huevos; estante inferior para carnes en recipientes cerrados; y cajones para frutas y vegetales.

§ Rotular con fecha las preparaciones en el freezer, blanquear los vegetales antes de congelarlos y descongelar siempre en la heladera.

§ Reutilizar sobras en recetas “comodín” (salteados, tortillas, sopas, croquetas) e incorporar partes no convencionales (como tallos, hojas o cáscaras limpias). Las sobras deben refrigerarse en menos de 2 horas y recalentarse completamente a alta temperatura una sola vez.

Reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos resulta esencial en un mundo en el que el número de personas afectadas por el hambre sigue aumentando y día a día se pierden y desperdician toneladas de alimentos comestibles. Esta tarea es una responsabilidad compartida que requiere la colaboración de todos los actores de la cadena alimentaria. Solo a través de un esfuerzo conjunto se podrá garantizar la seguridad alimentaria y proteger el planeta para las generaciones futuras.

“Frente a esta problemática, las y los licenciados en nutrición cumplimos un rol estratégico: no solo aportamos experticia en economía alimentaria y densidad nutricional, demostrando que comer saludable no es más caro cuando optimizamos los recursos, sino que también intervenimos en sistemas alimentarios sostenibles y servicios de alimentación para reducir desperdicios en comedores e instituciones y promovemos educación alimentaria para fortalecer la autonomía y soberanía de la comunidad”, concluyó Monnerais.

Finalmente, el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires destacó la importancia de abordar el desperdicio de alimentos desde la educación y las políticas de Estado, ya que se trata de una problemática que atraviesa las dimensiones ambiental, económica y social. Cuando los alimentos descartados terminan en basurales o vertederos, su descomposición contribuye a la generación de gases de efecto invernadero. A nivel global, la pérdida y el desperdicio de alimentos representan entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Además, reducir el desperdicio permite optimizar el uso de recursos agrícolas y económicos, favoreciendo la eficiencia de los sistemas alimentarios y contribuyendo a mejorar el acceso a alimentos nutritivos en contextos donde coexisten distintas formas de malnutrición.