A través del Decreto 81/2026, el presidente de la Nación ordenó el traslado del Sable Corvo de San Martín, que se exhibía en el Museo Histórico Nacional (MHN), a la sede principal y cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo. Según la norma, la decisión “fortalece su protección, seguridad y adecuado resguardo institucional”, al tiempo que “honra la historia nacional” y reafirma a través de sus símbolos fundacionales “la soberanía, la independencia y la libertad como principios rectores del orden republicano”. Sin embargo, la medida impulsada por el gobierno revierte lo dispuesto en 2015 por la expresidenta Cristina Fernández (sacarlo de la sede del Regimiento para incluirlo en el MHN) y va en contra de lo establecido por los donantes del Sable. Por lo tanto, no sólo pone en peligro su adecuada conservación y limita el acceso al público, sino que coloca en tensión a la figura del General San Martín y reaviva la disputa por el sentido de la historia. En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, dos especialistas de la UNQ analizan las diferentes aristas del hecho y su trasfondo.
“En primer lugar, se trata de una provocación que refuerza la mirada de la historia militar y la idea de un enemigo del que hay que protegerse”, señala Gisela Andrade, directora de la Maestría en Historia Pública y Divulgación de la Historia de la UNQ. De hecho, para justificarse, el propio presidente hizo mención a los robos que sufrió el Sable en 1963 y 1965, es decir, hace más de 60 años. Allí, en la celebración por los 213 años del Combate de San Lorenzo, el máximo mandatario apuntó contra el peronismo y contra Cristina Fernández.
No obstante, la historiadora y docente de la UNQ, Mariana Paganini, aclara: “Ambos robos fueron actos políticos de la Resistencia Peronista en un contexto de proscripción, por lo que no fueron hechos de delincuencia común. Además, el argumento de la seguridad es cuestionable porque la vitrina con el Sable en el MHN estaba custodiada desde 2015 por los Granaderos y por los trabajadores del Museo, que son profesionales con conocimientos en conservación, historia y pedagogía”.
Algo más que un sable
Los objetos históricos no son neutros ni solo se remiten al pasado, sino que son símbolos que permiten pensar el presente e imaginar el futuro. Incluso, el propio presidente lo reconoció en Santa Fe y dijo que “es probablemente el símbolo material más poderoso de la Nación Argentina”. De esta manera, Milei vinculó la decisión sobre el Sable Corvo a la soberanía, la argentinidad, la libertad en el país y en América, y la legitimación de las Fuerzas Armadas como protectoras del suelo nacional.
Al respecto, Paganini destaca que el gesto del gobierno no es casual porque, no solo era la pieza más emblemática del MHN, sino que había quedado asociado al gobierno de Cristina Fernández. “La puesta en valor y las narrativas que se construyen en torno a los objetos tiene que ver con legitimar ciertas identidades y proyectos. Por un lado, el Ejecutivo busca destacar la dimensión militar de San Martín por sobre su rol político. Por otro lado, en términos de disputa cultural, sacarlo del Museo significa quitárselo al kirchnerismo”, subraya.
Por su parte, para la directora de la Maestría en Historia Pública y Divulgación de la Historia de la UNQ, el traslado del Sable Corvo reduce una historia social, construida por diferentes actores con distintos roles, a una historia militar de grandes héroes. “En el Museo Histórico Nacional, el Sable ocupaba un lugar que permitía una lectura más articulada y compleja de nuestra historia nacional, que tenía mucho más sentido que la que quieren otorgarle”, resalta Andrade.
Dos lógicas diferentes
El decreto 81/2026 se inserta en otros discursos y prácticas que reivindican a las Fuerzas Armadas. En este aspecto, el presidente apareció en diferentes ocasiones vestido como militar. Como si fuera poco, se subió a un tanque de guerra durante un desfile y hasta se sacó fotos arriba de un avión de caza F-16, que compró con apoyo de Estados Unidos.
Estas acciones hicieron que en mayo de 2025 fuera declarado “granadero honorífico” y recibiera la Orden Ecuestre Militar de los Caballeros Granaderos de los Andes. Incluso, en diciembre de 2024, integrantes del Regimiento le tocaron Panic Show, la canción más emblemática de su campaña electoral.
Frente a un gobierno que alzó las banderas de los derechos humanos y resaltó la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la actual gestión apunta a ser la “protectora de la Nación” y exalta la importancia de las Fuerzas Armadas.
Por Nicolás Retamar




