







Uno de los momentos centrales del taller es la explicación del funcionamiento del instrumento. “El fuelle cumple la misma función que los pulmones. Cuando abrimos, entra aire; cuando cerramos, sale”, explicó Humar. “Ese aire pasa por unas chapitas de metal, las lengüetas, que vibran y generan el sonido. Es muy parecido a una armónica en su lógica”.
Al retirar la tapa, los chicos descubren el interior del bandoneón. “Esto es como una máquina de escribir”, les dijo. “En lugar de letras, cada tecla produce un sonido”. A partir de allí, el taller propone una experiencia concreta: armar parte del mecanismo interno ordenando palancas y martillos numerados.
“El bandoneón es muy complejo, tiene muchísimas piezas. Acá lo simplificamos para que puedan entender que todo tiene un orden, que no se arma porque sí”, explicó.
Una primera experiencia como luthiers
“Ahora van a tener su primera experiencia como luthiers”, anunció Humar al iniciar la actividad práctica.
Divididos en grupos, los chicos desmontaron y volvieron a armar el sistema de palancas utilizando elementos simples. “No usamos cosas raras: hay rayos de bicicleta, piezas numeradas. La idea es mostrar que se puede”, subrayó.
Para Humar, el taller también funciona como prueba permanente del proyecto. “Yo voy viendo con los chicos qué tan simple es lo que digo que es simple. Eso también sirve para mejorar el diseño”, explicó.
“Desde el diseño industrial, esto es una mezcla entre lo artesanal y lo industrial, con máquinas, pero también con la mano del hombre”.
El Pichuco, en su cuarta generación
El bandoneón Pichuco atraviesa actualmente su cuarta generación de desarrollo, iniciada en 2022.
Desde entonces, el proyecto no solo avanzó en términos técnicos, sino también en su dimensión social y educativa.
En diciembre de 2025, la UNLa entregó bandoneones Pichuco en Bahía Blanca, donde además se dictaron clases y actividades vinculadas al instrumento. “Después viene otro desafío, que es el mantenimiento. También hay que formar gente para eso”, advirtió Humar.
“Que los chicos vean que no es algo imposible es clave. Algunos después le explican al compañero, se arma otra dinámica. Ahí aparece lo colectivo, el saber compartido”, destacó.
El Programa de Verano, una política sostenida desde 2000
El taller de luthería forma parte del Programa de Verano “Los derechos de la niñez no se toman vacaciones”, una iniciativa que la UNLa desarrolla de manera ininterrumpida desde el año 2000. En esta 27ª edición, que se extiende hasta el 30 de enero de 2026, participan cientos de chicos y chicas de entre 5 y 12 años provenientes de instituciones barriales de Lanús.
Durante enero, el campus universitario se transforma en un espacio de aprendizaje, recreación y acceso a derechos, con talleres de deportes, ajedrez, informática, actividades culturales e iniciación en oficios, entre ellos carpintería, jardinería y luthería.
A pesar del complejo contexto presupuestario que atraviesan las universidades públicas, la gestión del rector Daniel Bozzani ratificó la continuidad del programa, reafirmando el compromiso institucional con la inclusión social, la educación y el acceso temprano a la universidad pública.
El Programa de Verano es coordinado por la Dirección de Deportes y Compromiso Universitario y cuenta con la participación de docentes, no docentes y estudiantes de la UNLa, consolidándose como una política emblemática de vinculación territorial y construcción de futuro.




