Ante el avance de la IA, las universidades buscan incorporarla al ámbito académico y hacer de ella un uso crítico. Así, por ejemplo, la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Nacional de La Plata, lanzaron guías que plantean cómo utilizar esta tecnología como herramienta sin suplantar el trabajo de leer, escribir o argumentar. A estas herramientas se sumó el desarrollo de un chatbot diseñado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA que responde preguntas de los estudiantes y también ayuda a los docentes a crear actividades y evaluar la comprensión de los temas. Esta IA está entrenada con la bibliografía de cada materia y busca que los alumnos y alumnas utilicen la tecnología de una manera responsable.
Este chatbot se incluyó en la plataforma institucional “Mi Econ”, que es donde los estudiantes se anotan a las materias y reciben bibliografía. A diferencia de las herramientas abiertas, el sistema funciona en un entorno cerrado y utiliza exclusivamente los materiales académicos seleccionados por las cátedras. Además, garantiza la privacidad de los datos y la igualdad de acceso para los estudiantes.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Natalia Guidolin, secretaria académica de la Facultad de Ciencias Económicas, cuenta: “Los alumnos siempre van a dialogar con los textos que el profesor necesita que aprendan, y no con otros. Además, los docentes pueden utilizar esta IA para que les genere actividades, como un cuestionario o un múltiple choice”. Inclusive, permite que los profesores puedan ver cuáles son las preguntas que recibió la tecnología, qué alumno o alumna las hizo y, sobre todo, cuál fue el tema menos comprendido.
Actualmente, la herramienta es utilizada por 2 mil alumnos en 40 materias y 184 cursos, que involucran a 44 cátedras. Se trata así de la primera facultad de la UBA en implementar una plataforma interna de IA y en darle un marco normativo propio para su regulación.
Por otra parte, la incorporación de esta tecnología implica también establecer criterios para su uso y un cambio en la forma de evaluar. Guidolin detalla: “La responsabilidad sobre los trabajos académicos continúa siendo de los estudiantes, así como la calidad de los argumentos o la verificación de la información. En esa etapa ingresa una vez más el rol del docente, quien debe chequear los borradores y el proceso de elaboración por el que pasó ese documento”.
En esta línea, la UBA se suma a otras casas de estudio que buscan regular el uso de la IA. Por ejemplo, la UNQ, la UNLP y la Universidad Nacional de Cuyo lanzaron guías para comprender, problematizar y orientar el uso de la IA generativa en el ámbito académico. Así, ofrecen prompts efectivos, definir qué parte del proceso pedagógico será realizado por la tecnología y cuál por el estudiante, y proponen principios para su utilización, como la autoría responsable, la transparencia en el uso de las herramientas, la verificación de la información. En todos los casos, el objetivo es el mismo: formar profesionales capaces de utilizar estas tecnologías de una forma crítica y responsable.




