La IA ya es el nuevo “Dr. Google”: qué le preguntamos sobre salud y cuáles son los riesgos

Cada época tiene su consultorio paralelo. Durante años fue Google: un dolor de cabeza, una mancha en la piel, un análisis de sangre con un valor raro y una búsqueda desesperada, muchas veces a las dos de la mañana. Ahora, ese viejo “Dr. Google” empezó a cambiar de guardapolvo. Ya no ofrece solo una lista de enlaces: responde, conversa, ordena síntomas, traduce términos médicos y hasta sugiere qué podría estar pasando. La inteligencia artificial generativa entró de lleno en la salud cotidiana. Y la ciencia ya empezó a medir qué hace la gente cuando tiene un chatbot en el bolsillo.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, analizó un estudio, recientemente publicado en Nature Healthque analiza más de 500 mil conversaciones de salud realizadas con Microsoft Copilot durante enero de 2026. La investigación, que trabajó con interacciones anónimas y desidentificadas de usuarios reales, encontró que la gente ya no usa la IA solo para resolver tareas, resumir textos o pedir recetas de cocina. También le pregunta por síntomas, medicamentos, diagnósticos posibles, salud mental, estudios médicos y problemas de familiares.

El 40,8 por ciento de las conversaciones correspondió a “información y educación en salud”: consultas generales sobre enfermedades, nutrición, tratamientos o funcionamiento de medicamentos. Sin embargo, el propio estudio advierte que detrás de una pregunta aparentemente general puede haber una preocupación personal. Alguien que escribe “efectos secundarios de la metformina” tal vez no esté estudiando farmacología: quizás acaba de recibir una indicación médica, tiene miedo o está buscando entender qué le pasa.

El trabajo también encontró que casi una de cada cinco conversaciones incluye evaluación personal de síntomas o discusión sobre una condición de salud. Además, una de cada siete consultas personales no se refiere a quien escribe, sino a otra persona: un hijo, una pareja, una madre o un padre mayor. La IA, entonces, no aparece solo como asistente individual. También empieza a funcionar como una herramienta informal de cuidado familiar.

El consultorio de la madrugada

En celulares, las consultas sobre síntomas y preocupaciones de salud representaron el 15,9 por ciento de las conversaciones, contra el 6,9 por ciento en computadoras de escritorio. También fueron más frecuentes en móviles las preguntas sobre bienestar emocional: 5,1 por ciento frente a 3 por ciento en desktop. No es casual. El celular es el aparato de la urgencia íntima: está al lado de la cama, en el baño, en la cocina, en la sala de espera y en la madrugada.

El mismo estudio muestra que las consultas personales aumentan durante la noche, justo cuando el sistema tradicional de salud suele estar menos disponible. Las preguntas sobre bienestar emocional pasaron del 3,3 por ciento durante la mañana al 5,2 por ciento entre la medianoche y las seis de la mañana. Las consultas sobre síntomas subieron del 10,6 por ciento al 13,4 por ciento en ese mismo horario. La escena es reconocible: cuando el cuerpo molesta y el médico no responde, el chatbot está despierto.

Una encuesta de KFF, organización estadounidense dedicada a investigación en políticas de salud, ayuda a dimensionar el fenómeno. En marzo de 2026, informó que el 32 por ciento de los adultos de Estados Unidos había usado IA durante el último año para obtener información o consejo sobre salud física o mental. Entre quienes recurrieron a estas herramientas, el 65 por ciento dijo que buscaba información o apoyo rápido; el 41 por ciento, datos antes de decidir si consultaba a un profesional; y el 36 por ciento, un espacio privado para hacer preguntas de salud. También aparece la desigualdad: el 19 por ciento mencionó como razón importante no poder pagar una consulta y el 18 por ciento no tener un médico regular o no conseguir turno.

Es decir, la IA no crece en el vacío. Crece sobre una necesidad real: respuestas rápidas, privacidad, orientación y, muchas veces, dificultades de acceso al sistema sanitario. El problema es que una respuesta veloz no siempre es una respuesta segura. Y una frase escrita con tono amable no equivale a una evaluación clínica.

Ahí está el punto delicado. Una revisión sistemática, publicada en JAMA Network Open, analizó 137 estudios sobre chatbots generativos usados para brindar consejos de salud. El trabajo detectó una enorme heterogeneidad en la calidad de las investigaciones: el 65 por ciento usó criterios subjetivos para evaluar si la respuesta del chatbot era exitosa y menos de un tercio abordó implicancias éticas, regulatorias y de seguridad del paciente. La conclusión fue clara: el interés por usar modelos de lenguaje en salud crece rápido, pero todavía hacen falta estándares más sólidos, mayor transparencia y evaluaciones centradas en la seguridad.

La desinformación a un clic de distancia

En junio de 2026, otra encuesta de KFF, realizada sobre una muestra representativa de 2.480 adultos de Estados Unidos, encontró que quienes usan chatbots de IA al menos una vez por semana para buscar información de salud son más propensos a creer ciertos mitos sobre vacunas. El 35 por ciento de los usuarios semanales de IA para salud dijo que era “probablemente” o “definitivamente” cierto que la vacuna triple viral —contra sarampión, paperas y rubéola— causa autismo, frente al 20 por ciento entre quienes nunca usan IA para salud. KFF aclara que se trata de una correlación, no de una prueba de causalidad. En criollo: no demuestra que la IA fabrique esas creencias, pero sí muestra que ahí hay una zona de riesgo.

El punto central no es prohibirle a la gente que consulte a la IA. Eso sería tan inútil como haber intentado prohibir Google en los 2000. El desafío es ordenar su lugar. Puede servir para preparar preguntas antes de una consulta, traducir lenguaje médico, entender resultados de laboratorio, organizar síntomas o decidir cuándo una situación requiere atención profesional. Pero no debería reemplazar el diagnóstico, el examen físico, la historia clínica ni la relación con un médico.

Con todo, la IA ya entró al consultorio antes que muchas regulaciones. Está en el bolsillo, en la cama, en el colectivo y en la madrugada. La pregunta no es si la gente la va a usar para temas de salud. Ya la usa. La pregunta urgente es cómo evitar que una tecnología poderosa termine confundiendo orientación con certeza, acompañamiento con tratamiento y conversación con medicina.

Por María Ximena Perez