La ciencia no tiene bandera y, en un mundo globalizado, las articulaciones entre las diferentes instituciones que se dedican a la producción del conocimiento es moneda corriente. Ello no constituye ninguna novedad, de hecho, es un diagnóstico al que cualquiera podría suscribir sin demasiados rodeos. Lo que sí constituye una novedad, en cambio, es que las universidades nacionales tengan a sus propios diplomáticos científicos. De hecho, la Universidad Nacional de Quilmes será la primera casa de estudios que en Argentina estrenará al suyo.
A partir de una designación ad honorem, la rectora Alejandra Zinni decidió otorgar ese rol a Daniel Gomez, que en la actualidad se desempeña como investigador del Centro de Oncología Molecular y Traslacional (COMTra) de la UNQ. Este experto en el estudio del cáncer ha recibido múltiples distinciones nacionales e internacionales que confirman su talento académico y se ha destacado en distintos puestos de gestión que lo han llevado, incluso, a desempeñarse como rector de la casa. A partir de ahora, tendrá el desafío de aceitar los vínculos entre esta Universidad y otras instituciones, así como también deberá robustecer la proyección internacional. En este diálogo, Zinni cuenta más detalles acerca de la iniciativa.

-¿Qué es la diplomacia científica?
-No es algo de lo que se hable mucho en las universidades, pero tiene que ver con una idea que viene de la política. Es la gestión extramuros de cuestiones científicas, más allá de lo técnico y de lo específico de cada una de las disciplinas. Un paraguas político que plantea una mirada integral sobre cada institución, referido a la forma de hacer ciencia y a los productos tecnológicos que pueden salir de esa ciencia. Es un nexo, una herramienta para abrir puertas de intercambio, para trazar nuevas relaciones entre diferentes casas de estudio y con otras organizaciones.
-Tiene sentido promover la diplomacia científica si se tiene en cuenta que la ciencia es un producto global…
-Tiene sentido forjar este espacio en tanto y cuanto tengamos referentes formados en estas áreas. Serán quienes llevarán la voz de cada una de las instituciones en el mundo. La diplomacia científica tiene esa proyección, salir del ámbito doméstico para proyectarse a nivel internacional.
-¿Serían como embajadores?
-Exactamente, sería como un embajador científico. Apenas asumimos, avanzamos en la gestión para crear esta figura que será desempeñada por el doctor Daniel Gomez, exrector de la UNQ, asesor del rectorado y una persona, además, formada en diplomacia científica. Como referente institucional, ahora se suma a esta nueva misión que tendrá la Universidad. Somos la primera institución en Argentina que posee un diplomático científico; es una novedad y será un cargo ad honorem.
-Este nuevo desafío para Gomez y para la UNQ no nace de un repollo, sino que existe un contexto de internacionalización. La Universidad tiene una política orientada a profundizar los intercambios puertas afuera.
-Desde que asumimos esta gestión, uno de los ejes fundamentales es la internacionalización de la Universidad Nacional de Quilmes. Si bien es uno de los siete puntos que se discutió intensamente en el marco del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional) durante los años previos, para nosotros constituye uno de los aspectos prioritarios a impulsar en el presente. Ello nos conduce a articular fuertemente con el exterior, con el mundo globalizado. Queremos una presencia de la UNQ en el mundo, tanto en el norte global como en el sur global. En este marco, surge la idea de tener a nuestro propio diplomático ligado a la ciencia.
-¿La idea de internacionalizar a la UNQ es el resultado de la política a nivel nacional? Esto es: ya que el gobierno ajusta en suelo doméstico, ¿se incentiva buscar recursos afuera?
-Es cierto que el contexto nacional es complejo, pero soy una convencida de que las instituciones como las universidades públicas tienen que trascender la coyuntura. El mundo está cada vez más globalizado y ese es un hecho indiscutible. La presencia de la UNQ en un planeta tan cambiante nos tiene que encontrar preparados para desembarcar con la mejor proyección posible. La iniciativa no está atada, necesariamente, a la situación política argentina, sino que tiene que ver con una mirada de largo plazo.
-En lo concreto, ¿qué implica que la UNQ se inserte aún más en el mundo?
-Cuando una institución como la nuestra se relaciona con otras de otros continentes, aprendemos de sus culturas y de las dinámicas institucionales. Podemos tomar ideas sobre cómo se llevan adelante ciertos procesos. Por ejemplo, durante los primeros meses de este año nos reunimos muchísimo con autoridades de universidades europeas. Lo que más nos llamó la atención de las casas de estudio de Italia, Alemania o Francia es cómo diseñan sus planes estratégicos.
-¿Cómo lo hacen?
-En general, son planes a largo plazo transversales a todas las áreas de la institución. Se piensan a sí mismas de aquí a 20 años. Estoy convencida de que nosotros podríamos hacerlo, al menos, pensando en períodos de cuatro años. Gracias a que los gobiernos en la UNQ son finitos y siempre hay recambio, sería posible proyectar políticas con esa idea de mediano plazo en la cabeza.
-Es decir, la articulación con otras instituciones sirve para aprender a mirar más allá.
-Exacto, te enseña a no limitar la visión y se vuelve posible tomar lo mejor de las experiencias de cada uno de esos lugares. Es como si te pusieras unos lentes distintos, que te permiten ampliar el panorama, ensanchar los horizontes. Algo así como mirar al espacio con un telescopio.
-Antes refería que no solo debían relacionarse con el norte global, sino también con el sur. ¿En qué sentido?
-Es que con Europa las universidades argentinas poseen una larga tradición de vínculos. Existen, de hecho, instrumentos de financiamiento que durante años nos han permitido avanzar en las relaciones. Nosotros, desde la UNQ, hacemos mucho énfasis en relacionarnos con China, y también con África. Podemos aportar soluciones tecnológicas a problemas que ellos tienen, y que nosotros ya resolvimos. Sin ir demasiado lejos, en Argentina la cultura africana fue invisibilizada. Si no nos nutrimos de modelos y culturas bien diferentes a la nuestra, en este contexto de globalización, nos costará mucho avanzar.
-Bajo esta premisa, contar con un representante científico internacional le vendrá muy bien a la UNQ para poder cultivar vínculos y fomentar esa interculturalidad.
-Sí, de hecho, creo que el principal desafío que tendrá nuestro embajador es instalar la figura del diplomático científico. A lo largo de su historia, la Universidad Nacional de Quilmes se ha caracterizado por albergar y empujar propuestas novedosas; la novedad está en nuestro ADN como institución. Si bien hay otros países europeos o incluso de la región que han hecho algunos avances en la materia, esto realmente constituye algo nuevo. Y al ser nuevo, habrá que instalarlo con fuerza. Nosotros, afortunadamente, en Daniel Gomez encontramos a alguien que desempeñará ese rol perfectamente. Pasó por la gestión, conoce de investigación y de ciencia, entiende muy bien la línea editorial de la UNQ. Así que estaremos bien representados.




